Una amiga me recomendó este corto que tras ver, debo recomendaros también a vosotros. Aquí lo tenéis:

 

Es brillante como en tan poco tiempo nos puede hacer sentir tantas cosas, incluso cuando estamos hablando de un cortometraje de animación y su duración no llega a cinco minutos.

Este corto alemán cuenta la historia de un niño que parece preferir quedarse en casa jugando con sus videojuegos antes que salir a la calle a disfrutar con otros niños. Pero un día su madre le hará un regalo inesperado que al principio no aceptará con alegría. Todo empieza a cambiar cuando ve cómo su regalo corre y juega a pesar de su minusvalía, e intenta por todos los medios que el niño juegue con él. El perro es feliz tal como es y así consigue que el chico también se acepte a sí mismo y salga a la calle a jugar con él.

Esta historia creada por Jacob Frey nos recuerda lo valioso de las pequeñas cosas, porque no siempre se necesitan videojuegos para pasárselo bien, y hace hincapié en lo importante que es aceptarse a uno mismo para así aprender también a aceptar a los demás.