La felicidad, descubriendo a la directora Agnès Varda

Con La felicidad (Le bonheur, Agnès Varda, 1965) regresamos a los años 60, y concretamente, conocemos a una familia joven de clase media que vive una vida feliz en pareja con sus dos hijos. Ella es modista y trabaja desde casa, mientras que él es carpintero. Ella es la que mantiene la casa, cuida de sus hijos y hace las compras, comida y demás quehaceres para tanto su marido como sus hijos. Él es quien sale a trabajar fuera para traer dinero a casa y mantener esa estructura familiar creada. Ambos parecen estar cómodos en esos roles preestablecidos en la sociedad en los que las mujeres se ocupan de la casa y de los hijos (y también realizan ciertos trabajos), y ellos trabajan fuera de casa y traen el dinero principal. La cercanía con vecinos y familia, y el disfrute de su rutina diaria hace predecir que algo va a suceder que puede trastocar esa felicidad.

Es interesante el planteamiento que realiza la película, mostrando toda esa perfección que replicamos de lo que nos transmite la publicidad que nos rodea, y el consumo que vemos en la televisión. Lo que los personajes ven a su alrededor, ellos lo imitan en sus vidas privadas. Si prestamos atención a los momentos en los que la cámara se centra en mostrarnos todas esas señales que les bombardean a mensajes cada día, comprobaremos cómo nuestro equivalente a felicidad se corresponde con el que se nos dice que es. En la cinta, también los colores y las flores funcionan como forma de representación del mensaje que se quiere transmitir. La historia comienza en primavera con unas margaritas rebosantes mirando hacia el sol, se centra en la época de verano, y el otoño cierra el relato. La cámara termina ciertos planos con un color que difumina toda la pantalla y que nos adelanta lo que está por venir.

A pesar de todo ello, la crítica de esta película que se centra en la sociedad burguesa de los años 60, no solo señala esa imposición de la felicidad que consumimos, anhelamos y replicamos, también examina la estructura familiar que se desarrolla en la evolución de la historia de esta pareja. La felicidad es un buen ejemplo del cine francés que despuntó a mitad del siglo pasado con el movimiento ‘Nouvelle Vague’, y que se caracterizaba por una nueva forma de rodar y una libertad de expresión tanto a nivel técnico como narrativo, que se diferenciaba de la corriente mayoritaria que sobresalía en lo que se veía dentro del séptimo arte de la época.


Descubre más desde Noisy

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Volver arriba

Descubre más desde Noisy

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo