Póster de Los santos inocentes (1984), drama rural dirigido por Mario Camus

Los santos inocentes, una herida que sigue abierta

Pese a que seguimos viendo cómo el ser humano sigue destrozando las vidas de animales, de otros humanos y del planeta hoy en día, regresar al franquismo en España de los años 60 es desolador. El director Mario Camus lo hace a la perfección adaptando el libro Los santos inocentes de Miguel Delibes. Una película que nos lleva al mundo rural en Extremadura para describir la historia entre amos y sirvientes. Pronto nos damos cuenta de la abismal diferencia de clases que existe entre ambos. Mientras que los que poseían las tierras vivían una situación privilegiada, los campesinos trabajaban y obedecían en lo que era una condena de por vida.

La película viaja entre el pasado y el presente para presentarnos a algunos de los personajes de la familia de campesinos. En la historia de los pobres vemos que los que están al mando son los señoritos, quienes no solamente se aprovechan de los más vulnerables, también los humillan hasta el punto de anularlos por completo. La novela de Delibes tiene a personajes emblemáticos en una historia que bebe demasiado de la realidad. Camus sabe situar el contexto del relato haciendo que se sienta real y cercano lo que vemos. El rechazo, la pena y la rabia se apoderan del espectador ante las injusticias y falta de sentimientos de los seres humanos.

La crueldad como forma de poder

Los animales funcionan como espejo de la crueldad. Estos son vistos como objetos de uso por el humano y no se se ven como seres vivos para la mayoría de personas. Ellos sirven también para demostrar el poder que tienen los hombres con dinero, quienes emplean la caza para aumentar más su egocentrismo sin importar los animales que maten para ello. El paralelismo entre el trato a los animales y a los jornaleros es tan similar como deleznable. Cuando una sociedad trata así a los animales, lo que hace con los humanos más vulnerables no tarda en aparecer, como vemos en esta historia.

El machismo está también presente en el relato. Las mujeres cargan con el peso del trabajo, la maternidad y la obediencia. Estas son relegadas a un segundo plano. No hay espacio digno para ellas cuando el sistema se ha construido para aplastarlas. Este machismo también lo observamos en la clase dominante. El señorito ejerce un control constante sobre su mujer que está movido por los celos y la necesidad de posesión. Aunque su posición social ya le otorga poder y privilegios, reproduce la misma lógica de dominación que aplica sobre los campesinos: controlar, humillar y someter.

Una historia que sigue interpelando al presente

Los santos inocentes duele al verse porque, aunque han cambiado los contextos, mucho de lo que vemos aquí sigue vigente. Desde matar por diversión o porque nos creemos superiores al resto de seres vivos que habitan en este planeta, hasta normalizar el abuso o convertir la dominación en costumbre. Una continuidad que sigue presente, incluso cuando hoy sí contamos con los medios para no reproducir estas violencias contra personas y animales.

La obra de Delibes ofrece un relato de terror de una España en la que las diferencias de clases o el machismo exacerbado estaban normalizados. La excepcional puesta en escena y las sublimes interpretaciones de todo su reparto hacen que la cinta represente bien una realidad que se siente demasiado cercana pese a lo lejos que queda ya su época.

Los santos inocentes no ha perdido su capacidad de incomodar gracias a ese buen retrato de las injusticias que se cometieron, y porque muchas de esas dinámicas de abuso y dominación no han desaparecido y continúan teniendo lugar hoy, un mundo en el que la libertad sigue estando condicionada por quién manda y quién obedece.

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