Nuestras hijas (Mike Van Diem, 2025) es una película holandesa con un excepcional comienzo. Un entorno paradisíaco en el que la naturaleza lo es todo y se usa para narrar el inicio de una amistad entre dos mujeres y sus respectivas hijas, con sorpresa incluida. A ello le sigue una casa moderna en medio de ese escenario de lujo aislado, en el que el verde y la tranquilidad acompaña al lugar.
Solo en esta primera breve secuencia, la cinta te lleva a juzgar o intentar entender sin conocer lo que pasa e interpretar lo sucedido. Así te adentra en un drama psicológico sobre dos familias unidas por una amistad que ve cómo un grave incidente hace tambalear la relación que tienen y la casa de vacaciones que comparten juntos.
Una película que recuerda al cine de Ruben Östlund
A ese entorno lujoso que siempre rodea las vidas de estas personas les acompaña también una vuelta a afirmar estereotipos muy arraigados en las culturas occidentales. Con hechos como las madres quedándose en el hospital mientras los padres se quedan en casa emborrachándose. A su vez, pequeños toques de humor en medio del drama acompañan a la trama. Y mientras tanto, la tragedia aumenta conforme se desarrolla la historia. Redecillas que salen, chantajes que aparecen, debates que surgen, secretos que salen a la luz, y mentiras que complican todo.
Este planteamiento y desarrollo del filme recuerda a las películas del director Ruben Östlund. Drama, familia y ciertos toques cómicos con un guion que plantea una premisa interesante y que no se desarrolla mal, y nos va dejando debates dentro de este relato que hacen que evolucione la trama de manera favorable. Esto ya lo vimos en largometrajes como Fuerza mayor (2014) del director sueco. Y al igual que el cine de Östlund, lo mejor de Nuestras hijas son los distintos planteamientos que deja en el aire para que el espectador sea quien reflexione sobre ellos.
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