Este proyecto era de primeras complicado para que al menos, llegara a alcanzar el éxito de su primera entrega o incluso parte de lo que consiguió su segunda película. En cualquier caso, era normal que se quisiera intentar llegar a conquistar al público con una cinta que repitiera el formato. Si antes fueron andaluces, vascos y catalanes, ahora se centran en el gran número de estereotipos que los españoles hemos construido alrededor de la comunidad marroquí. Ocho apellidos marroquís (Álvaro Fernández Armero, 2023) cambia de director y reparto pero copia la estructura de las otras para contar ahora la historia de una familia muy nacionalista que cargada de atuendos que resaltan ese patriotismo desorbitado hacia lo español, viaja a Marruecos para cumplir el último propósito del patriarca de la familia.

Volviendo a recalcar esa forma de ser tan extremista que aquí representan los tres personajes protagonistas compuestos por la madre, la hija y la ex-pareja de esta última, que se transforman en comedia constante con la que el espectador llega a reírse y avergonzarse a partes iguales, vuelven a sumarse los estereotipos centrados en el género, la raza o el poder adquisitivo para intensificar un humor que a veces es difícil de gestionar. Aprovechando el tirón dentro de la comedia que tienen y aportan actores como Julián López y Elena Irureta —actriz que da igual el género que interprete que sabe abordar los desafíos de cada personaje que interpreta—, Ocho apellidos marroquís describe en su historia el racismo y la xenofobia que en España existe hacia la comunidad marroquí, y lo hace a través del humor, abandonando territorio español en esta nueva entrega.

Una historia que no tiene ninguna sorpresa y que cuesta más digerir por lo forzado que está todo en su conjunto, y por ese giro tan drástico que dan los personajes al ir del blanco al negro en tan solo un momento. Parece que el viaje al cruzar el mar sabe más amargo que lo conseguido en anteriores películas, y si costaba creer que estuviéramos preparados para reírnos y suavizar la mirada con nuestros vecinos españoles, resulta todavía más complicado de digerir la enorme cantidad de estereotipos que tenemos hacia los extranjeros, que lamentablemente, siguen perdurando con el paso del tiempo. ¿Será que todavía no estamos preparados para vernos reflejados en el espejo y comprobar que los españoles tenemos una mirada muy despectiva hacia los extranjeros que tienen menor capacidad económica?